URBAN CHRONICLE/ CRONICAS URBANAS

Tania Gonzalez Caracas-Venezuela 2014
Tania Gonzalez
Caracas-Venezuela
2014

This chronicle is part of the photographic work Subjective cities, which arises from my experience as a subjecturban, walker and resident of the city, based on prior understanding of what it means to be a citizen.

Personal experience is used as a tool in building knowledge for artistic creation, searching, within the local, a specific space for the study of everyday life, from a very particular vision: The City and the subjecturban transiting in it, how they work with each other and how they develop in their environment.

Tania Gonzalez Caracas-Venezuela 2014
Tania Gonzalez
Caracas-Venezuela
2014

CHRONICLE OF A WALKER

Early Sunday, a riotous shouts made me get out of bed, heading to the window overlooking the street just off the corner Heart of Jesus. At peek, even sleepy, I observed several motorized arguing, one with the bloody hand, the cries of the discussion were such that most of the residents of the building looked out through windows to observe and satisfy their curiosity.

As is typical in the city of Caracas, passersby, piled into the area to “enjoy” of that street fight. Absorbed, but at the same time indignant by urban circus, I continued, even from my window, watching. A woman in aggressive approaches to discussion, altered screams and flails a man dressed in shirt and jeans, the rest of the curious, enjoyed the show, and aupaban discussion, while traffic was starting to collapse.

Buses, vans and private cars per seat had no free passage to go his way, then, the ring was around the middle of the street. The concert horns all mingled with the cries of urban fighters, all shouted. A policeman tries to calm the uproar, but his authority was worthless at that moment. He saw decreased by street aggressiveness. The woman, motors and the injured man  shouted. Apparently, everyone wanted to tell the police officer the version of events. Meanwhile, people go and walk around, some stop to look and others follow quickly for fear that from escalating the discussion.

Poli get two bikes Caracas, where riders stop their iron horses in the middle of the street as wanting to impose haughty image of authority to the present. An elderly woman tries to give his version of events, but police does not pay attention and silence sends two of those involved in the fight trying to leave but one of the police officers stopped him over, while the other police officer’s interrogates while impaired lady and man of bloody hand expect solution by side Poli Caracas. They spend no more than five minutes the man with the injured hand is taken to be treated at the headquarters of IPASME.

Beside the church Heart of Jesus, the man  who wears a shirt and jean accompanied by another colleague mounted on his car. The injured person out with a bandaged hand  goes together with the woman, police evict the voyeurs. Thrown from side their motor bikes, and traffic begins to flow again. I close the window of my room, it is worth noting that it is anti noise, I see the clock, it’s barely eight o’clock.What begining of  Sunday !, I think aloud.

The sun was warm, I take another Encava to El Paraíso, then, and had walked past the jam. Finally came to the bakery where I usually have breakfast, I sit calmly take my breakfast and when I will pay I wonder “What did I brake?”, I was amazed by speculation that we print this city every day.Back at home, I took a bus via Capitol again.

Later, on Avenida Baralt, there was  a stick again, a little louder than usual, it is spending a swarm of motorbike beside a hearse. They stop in the middle of the street and clog the road. “It’s a wake of a wrongdoer,” said the driver of the ENCAVA. A passenger, this time a man says “this is a thug! he was killed in that corner, beaten fifteen shots! “The driver of annoying bus closes the doors of the truck for safety, the funeral procession stops at the corner where apparently killed the deceased, take the urn, four men charged it, one at each corner, open it and start dancing to the deceased, motorized rolling in circles around the coffin, regardless of the strong and abusive obstruction of traffic, people crowd, women cry, men drink.

Of course, no police around, let alone a prosecutor to expedite traffic congestion generated by street wake. People within the Encava, are apprehensive and scared “because there are many thugs,” said one woman. Another passenger, with her child in her arms said “what we need is a shooting arme here”! Outside the horns of cars caught up in traffic hear, ending dance, put to death in his chariot and continue on their way, the bus “la camionetica” progresses, people give thanks to God not to step over. That happened to me, that Sunday.

By Tania González 2013

 

Tania Gonzalez Caracas-Venezuela 2014
Tania Gonzalez
Caracas-Venezuela
2014

Esta cronica es parte del trabajo fotografico ciudades subjetivas, el cual nace de mi experiencia, como sujeto-urbano, caminante y transeúnte de la ciudad, con base en el entendimiento previo de lo que significa ser un ciudadano.

La experiencia personal es utilizada como instrumento en la construcción de conocimiento para la creación artística, buscando, dentro de lo local, un espacio específico para abordar el estudio de lo cotidiano, desde una visión muy particular:  La ciudad y los sujetos-urbanos que transitan en ella, cómo actúan unos con otros y como se desarrollan en su entorno.

Tania Gonzalez Caracas-Venezuela 2014
Tania Gonzalez
Caracas-Venezuela
2014

CRONICA DE UN CAMINANTE

Un domingo muy temprano, unos gritos desaforados me hicieron levantarme de la cama, dirigiéndome a la ventana que da a la calle justamente frente a la Esquina Corazón de Jesús. Al asomarme, aun somnolienta, observé varios motorizados que discutían, uno de ellos con la mano ensangrentada, los gritos de la discusión eran tal, que varios de los vecinos del edificio se asomaron por las ventanas para observar y saciar su curiosidad.

Como es característico en la ciudad de Caracas, los transeúntes, se amontonaron en la zona para “deleitarse” de aquel pleito callejero. Absorta, pero al mismo tiempo, indignada por aquel circo urbano, continúe, aun desde mi ventana, observando. Una mujer en actitud agresiva se acerca a la discusión, alterada grita y manotea a un hombre vestido de camiseta y jeans, el resto de los curiosos, disfrutaban del espectáculo, y aupaban la discusión, mientras el tráfico comenzaba a colapsar.

Autobuses, camionetas por puesto y vehículos particulares no tenían paso libre para seguir su camino, pues, el ring estaba en todo el medio de la calle. El concierto de cornetas de todo tipo se confundía con los gritos de los peleadores urbanos, todos gritaban. Un policía intenta calmar el alboroto, pero su autoridad no valía nada en ese momento. Se vió disminuido por la agresividad callejera. La mujer, los motorizados y el hombre herido, gritaban. Al parecer, cada quien quería contar al policía su versión de los hechos. Mientras tanto, la gente pasa y camina alrededor, algunos se detienen a mirar y otros siguen rápidamente por miedo a que pase a mayores la discusión.

Llegan dos motos de Poli Caracas, cual jinetes, detienen sus caballos de hierro en el medio de la calle en forma altanera queriendo imponer imagen de autoridad ante los presentes. Una señora mayor intenta darle su versión de los hechos, pero la policía no le presta atención y la manda a callar, dos de los involucrados en la pelea intentan irse pero uno de los efectivos policiales le detiene el paso, mientras el otro agente policial los interroga, mientras la señora alterada y el hombre de la mano ensangrentada esperan solución al lado del otro Poli Caracas. Transcurren no más de cinco minutos y el hombre con la mano herida es llevado a ser atendido en la sede del IPASME.

Al lado de la iglesia Corazón de Jesús, el hombre en camiseta y jean acompañado de otro compañero se montan en su carro por puesto. El sujeto herido sale con la mano vendada y se va junto con la mujer, los policías desalojan a los mirones. Echan de un lado sus motos, y el tráfico comienza a fluir nuevamente. Cierro la ventana de mi habitación, vale la pena destacar que es anti ruido, veo el reloj, son apenas las ocho de la mañana. ¡Que comienzo de Domingo!, pienso en voz alta.

Realmente, ese domingo, no tenía intenciones de levantarme temprano, pero dada las circunstancias, me dispuse salir a desayunar, tomé una camioneta por puesto tipo ENCAVA rumbo a El Paraíso, en donde suelo ir a comer los domingos en la mañana. Pues bien, me encuentro de pasajera dentro de la ENCAVA estancada en una gran cola cuatro cuadras antes de Quinta Crespo, no se movía para nada. Detenida en el tiempo, en esta urbe bulliciosa, las cornetas comienzan sus chillidos correspondientes y vuelvo entonces en mí, hay muchos “vendedores” subiendo y bajando de las camionetas, mi pareja me dice “mejor bajamos no vaya ser que roben la camioneta”. Camino entonces, cuatro cuadras hasta llegar al Mercado de Quinta Crespo.

En mi andar, la basura, la bulla, los buhoneros y los manteleros en las aceras, que dicho sea de paso, no dejan espacio en las aceras para que los peatones caminen, hay que andar por la calle cual carro para poder avanzar.

El sol comenzaba a calentar, tomo otra camioneta hacia El Paraíso, pues, ya había caminado hasta pasar la tranca. Llego al fin a la panadería en donde suelo desayunar, me siento con calma a tomar mi desayuno, y cuando voy a pagar me pregunto “¿qué rompí?”, quedo asombrada por la especulación que nos imprime esta ciudad cada día. De regreso, a mi casa, tomo nuevamente un autobús vía Capitolio. Más adelante, en la Avenida Baralt, hay nuevamente una tranca, un poco más fuerte que de costumbre, se ve pasar un enjambre de motorizados junto a un carro fúnebre. Se detienen en medio de la calle y trancan la vía. “Es el un velorio de un malandro”, comenta el chofer de la ENCAVA. Un pasajero, esta vez un señor, comenta “¡ese es un malandro! ¡lo mataron en esa esquina, le pegaron quince tiros!” El chofer del autobús molesto cierra las puertas de la camioneta por seguridad, el cortejo fúnebre se detiene en la esquina donde aparentemente mataron al difunto, sacan la urna, cuatro hombres la cargan, uno en cada esquina, la abren y comienzan a bailar al difunto, los motorizados ruedan en círculos alrededor del féretro, sin importar la fuerte y abusiva obstrucción del tráfico, la gente se aglomera, las mujeres lloran, los hombres beben. Por supuesto, ni un policía cerca, y mucho menos un fiscal de transito para agilizar la congestión vehicular generada por el velorio callejero. Las personas dentro de la ENCAVA, se encuentran aprehensivas y asustadas “¡porque hay muchos malandros” ,comenta una mujer. Otra pasajera, con su niño en los brazos dice ¡“lo que nos falta es que se arme un tiroteo aquí”! Afuera se escuchan las cornetas de los carros atrapados en el transito, termina el baile, meten al muerto en su carroza y continúan su camino, la camionetica avanza, la gente da gracias a Dios que no paso a mayores. Eso me paso a mí, ese domingo.

Por Tania González 2013

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